Tragedia Juvenil
La noche oscura, sin luna. La atmósfera sobrecargada; ninguna
persona era inmune a la esperada batalla.
Le tocó el turno a un amigo sin yo poder hacer nada y entre
golpes, sacudido, me lanzaba una mirada.
Yo era impotente a esto, yo no podía hacer nada porque pelear
detesto y no me gusta dar la cara.
Dos eran los contrincantes, más fuertes y mayores, y sin
entrar en pormenores la gente me criticaba.
Huyó el amigo del lugar perseguido por los borrachos mientras
yo empezaba a dudar de lo "bueno" de mis actos.
Yo no quería intervenir; ya me había pasado antes que
por ayudar a un amigo fuí victima del atacante que dejó
a este tranquilo y se me vino con mal talante.
Ahora yo me reprocho no haber ayudado a mi amigo y no encuentro
soluciones al lío, pero hecho está lo ya hecho.
Me pregunto si mi amigo volverá a hablarme en su vida; yo
le tengo mucho aprecio y lo perdí por cobardía.
Quizás fuera yo el maltrecho si le hubiera ayudado pero,
¿me sentiría mejor o simplemente apaleado?
David Tomé
© 03 de Noviembre de 1989
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