El Sol
La noche es oscura, la noche asusta,
pero todo termina, la vida es justa:
tras las montañas al fin asoma
el cegador Sol tras una loma;
ahuyentando la oscuridad el monte toma,
y desde él se expande hacia el infinito.
Los animales despiertan llamándolo a gritos;
la Iglesia ya reza: el Sol es bendito.
Las flores se abren, reclaman al Astro,
mientras los hombres bostezan desde sus camastros.
El Sol es augurio de buena ventura;
refleja en los mares su claridad pura.
Bajo su seno todo ser mora,
ya en tiempos remotos nos daba la hora.
El Sol es fuente de vitalidad
sin el moriría cualquier mortal.
El Astro avanza, trabaja sin parar,
pero aún é necesita descansar.
Y vuelve a su loma y allí se esconde,
atenua su luz para que otro ronde.
Es la Luna, que lo reemplaza,
y con su dé:bil luz ilumina plazas,
bosques, ciudades, casas y nidos.
En sus tiempos ella Sol había sido,
pero ahora, vieja y cansada,
solo aspira en la madrugada,
ver al nuevo Astro despertar, y comenzar su jornada,
que será por todos aprovechada,
mientras la Luna, agotada, a dormir se retira,
esperando que la Noche, sus servicios pida.
David Tomé
© 07 de Diciembre de 1989
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