La chica ideal
Sus ojos, verdiazules y profundos como el más bello de los
mares. Sus ojos, como dos mundos en los que te pierdes y no sales.
Su boca, sensual y sinuosa que al reirse deja ver entre labios
de mujer los dientes de una diosa más brillantes que la más
luminosa de las estrellas.
Su pelo largo y oscuro que cuan sinuosas olas baila y corre haciendo
resaltar aún más su belleza. Sus mejillas son desiertos,
pero no de desolación, sino de alegre vida e increible pasión. Y
entre estos dos desiertos resalta un precioso monte, en el cual
desnudo y precioso no crece ninguna maleza.
Y su cuello bello y rosado cual el cuello de un flamenco con su
misma gracia y estilo que enamora al momento.
Esta preciosa cara solo podía ir acompañada por el
más hermoso de los cuerpos nunca hechos; esas curvas prominentes,
esa gracia en movimiento; baúl lleno de pasiones e inolvidables
momentos. Su figura entre la multitud destaca como una rosa en una
explanada de rocas.
Y ella, altiva y orgullosa, no es sólo una cara hermosa sino
que encierra en sus adentros sabiduría y conocimientos que
un libro llenarían. Además de inteligente, es simpática,
atrayente y junto a ella disfrutaría hasta el más
monótono ser viviente.
Esta podría ser la chica ideal, pero casi ninguna he visto que
reúna estas condiciones y no tenga compromisos; Aunque como
a veces digo: "también se puede vivir de sueños".
David Tomé
© 02 de Noviembre de 1989
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