Alborada
Ando por campos oscuros, sin rumbo, perdido, todo mi ser confundido,
buscando algo en las tinieblas. Miro en mí y estoy vacío;
Miro a mi alrededor y estoy solo. ¿Dónde está
la luz?
Vago, confuso, aburrido, añorando el calor de otro ser,
añorando el contacto divino, de mujer.
De pronto el negro se difumina y la ceguera huye despavorida. Rayos
dorados despuntan el alba y el tan esperado amanecer comienza a
surgir de la nada. Una lágrima alegre resbala por mi cara
y vuela hasta el horizonte, buscando la luz de la Aurora.
Mas de pronto el despertar se detiene. Se detiene y retrocede;
y mi lágrima no vuelve, ni tampoco llega, sino que errante
muere, perdida en un vano intento de alcanzar la felicidad.
Y, de nuevo, oscuridad. Antes de que el Sol saliera se ha vuelto
a ocultar. Y, de nuevo, soledad. Intenté encontrar la Aurora
y reencontré la oscuridad.
David Tomé
© 29 de Enero de 1993
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