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Nota al margen:
Aunque parezca mentira, esta historia fue escrita mucho antes que la película de Steven Spielberg sobre el desembarco de Normandía, "Salvar al Soldado Ryan". No hace referencia a ningun conflicto en concreto ni a ningún personaje específico, aunque la memoria historica nos devuelve una y otra vez a uno de los episodios más conocidos de la Segunda Guerra Mundial. Para mí, cualquier guerra no es más que un desperdicio económico y humano en el que nadie, salvo los menos merecedores, salen beneficiados.

"Lo bueno si breve, dos veces bueno"
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"En un lugar de la mente, de cuyo nombre no logro acordarme..."
Al Z. Heimer

Honor, gloria y patriotismo

Allí delante estaba el lugar de desembarco, el primer punto de contacto. Cuánto tiempo había esperado este momento, el momento de entrar en acción, de demostrarse a sí mismo y a su patria que podía hacer algo por mejorar el mundo, luchar por unos ideales inquebrantables, plantarle cara a los reveses de la historia.

Cuando los primeros llamamientos hicieron eco en la nación, sin pensarlo dos veces se alistó en el ejército; no podía quedarse cruzado de brazos ni esperar un momento más para ayudar a la causa, para aniquilar el mayor número posible de aquellos que simbolizaban el radical y maléfico cambio al que daría lugar la ocupación enemiga de su país. Tuvo la gran suerte de pertenecer al primer regimiento que fue enviado al frente a luchar contra las tropas criminales del otro bando. Su pelotón despedía energía y ganas de entrar en acción. La mayoría estaban deseosos de luchar por sus ideales hasta la muerte. Por lo menos, aunque cayeran, sabían que arrastrarían con ellos miles de enemigos. No cederían su cuerpo a aquellos tiranos sin antes eliminar a cuantos indeseables tuvieran a su alcance. Sí, sería una cruenta y larga lucha, pero estaba seguro de que esos ignorantes paletos no podrían hacer nada contra ellos. Ya se veía a sí mismo de vuelta en casa, luciendo honroso condecoraciones y galardones frente a su orgullosa familia. Quizá resultara herido tras varios enfrentamientos, pero ¿qué era eso frente a la gloria? Fuera de parecerle trágico, más bien realzaría sus historias de batallas cuando las contara, podría enseñarles a los escépticos e incrédulos aquellas enormes cicatrices que alimentarían sus anécdotas de victoria. Sí, incluso si le amputaban un miembro lo tomaría con calma y se seguiría sintiendo orgulloso de lo que hizo, de su bélica y peligrosa aventura. Apenas había tenido tiempo de pensar, desde que embarcó, que pasaría si muriese. Pero aún así sería un héroe. Veía una preciosa y magistral estatua dedicada al mártir de la guerra y, debajo de este título, su nombre en mayúsculas acompañado por todas las hazañas y descabelladas misiones que había desempeñado con éxito. Sí, vivo o muerto, sería un héroe.

El momento de entrar en acción estaba próximo; ya habían botado las grandes chalupas y se dirigían a las costas enemigas. Ya no había vuelta atrás, no existía la posibilidad de volver a casa, pero ¿quién quería regresar? La gloria se hallaba frente a ellos, sólo tenía que ir y cogerla. Ni uno de los soldados del primer regimiento era asaltado por las dudas o el miedo; habían sido los primeros en llegar y serían los últimos en marcharse, se quedarían hasta el final; nadie pensaba en echarse atrás, sólo en alcanzar la fácil victoria.

La barca penetró la arena de la playa y, con el golpe, el grito de guerra de todos los soldados que habían en ella acompañó la salida y el despliegue de las tropas aliadas. Saltó de la barca lleno de valor y coraje, deseoso de conseguir su primera medalla: Pero no llegó a sentir su bota golpeando la clara y mullida arena. Mientras las fuerzas naturales sostenían el cuerpo en el aire, a unos pies del suelo, una bala penetró en su cráneo enter ceja y ceja. Su cabeza pareció explotar y sólo tuvo tiempo de preguntarse: "¿Eso es todo?".

No cayeron sobre él ni rosas ni banderas, sólo suelas y arena. Su cuerpo daba la espalda al cielo contaminado por el estruendo de detonaciones y gritos mientras que las olas acariciaban el cuero de las mojadas botas que calzaban sus entumecidos pies.

Su figura, en cruz, era una más de entre todos los cuerpos inertes que yacían a lo largo de la orilla y en todo lo ancho de la playa. No hubo fama, ni gloria, ni su nombre en una estatua, sólo un cadáver olvidado en una alfombra de muertos.

David Tomé
© 08 al 16 de Octubre de 1991

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