david tome presenta...

Nota al margen:
Si no recuerdo mal, escribí este... no sé como llamarlo... pensamiento, quizá... en la heladería Brindisi, creo, en la que trabajé durante los veranos y festivos de principios de los noventa. Era una etapa de mi vida, como se puede deducir de este escrito, en la que estaba instando para entrar en el ejercito y en la que, como tantos jóvenes, estaba bastante desorientado.

"Todo lo que no te mata, te hace más fuerte"
Nietzche

"En un lugar de la mente, de cuyo nombre no logro acordarme..."
Al Z. Heimer

Sólo para mi entendimiento

No hay nada bajo mis pies. La verdad es que nisiquiera existen mis pies, solamente sé que deberían estar ahí, pero ahora no tienen importancia. No ando, sólo vuelo entre nubes de algodón y sonrisas escarlatas. Miro a mi alrededor y sólo veo espejos rotos y aguas encharcadas, y un narciso marchito en una maceta sin tierra.

Un buho con gafas me ve y, llorando, alza el vuelo con miles de páginas escritas en sus garras, páginas que nunca serán leídas. Y suena una trompeta y un redoble de tambor, y una bandera ondea haciéndome señas. Voy hacia ella, guiado por una corriente que no se si seguir o no, pero que me lleva hacia la bandera, que se tiñe de sangre y sonríe, mientras una lágrima resbala por el mástil.

"Sólo será una parada temporal", me repito a mí mismo. Y una imagen de mí mismo aparece en un barco y se desvanece con el pestañeo de mi pensar. Temporal es una palabra ambigua, demasiado relativa para usarla en un futuro tan cercano como incierto.

Y allí, en la Tierra Donde No Existe El Futuro, un caballero con la cabeza gacha espolea a su caballo, que le mira y le dice "¿a dónde voy?", a lo que el hidalgo responde "¿Y a quién le importa?". El caballo se desploma y muere y el hidalgo comienza a nadar hacia el mar por arenas blancas, dejando tras de sí un surco que el viento borra para siempre.

En otro lugar, un niño pequeño con los ojos vendados se dedica a cortar los hilos de miles de títeres y veo como algunos caen al vacío, hasta que el niño se aburre y se atraviesa la sién con las tijeras. Del agujero del cráneo salen volando miles de mariposas verdes que se pierden en el vacío. Y ya no sé a dónde volar.

 

El camino de baldosas amarillas no existe, y el arcoiris acaba en un lugar llamado Deseo, donde la realidad es un lagarto que se ríe de los que llegan allí y se los traga de un lengüetazo.

Quiero ser todo, pero no soy nada. Dejo de volar y me convierto en un príncipe azul cuya princesa no le quiere. Mi castillo es un montón de materia prima y el buho, desde una rama, se ríe de mí y dice "Aprende a construir". Cojo un pincel y construyo una montaña con bosques, lagos y una casa de madera; pero todo se cae en pedazos y mi princesa no viene.

 

Parpadeo. Estoy desnudo, con las piernas cruzadas y el cuerpo en relajación. Frente a mí, una esfera de cristal gira y gira emitiendo un sonido muy raro. Hay algo que se me escapa. Miro al interior de la esfera y no veo nada, absolutamente nada. De pronto me quedo ciego. Y todo se ve claro; el ruido de la esfera es una dulce voz que me repite una y otra vez, con un suave ronroneo: "Hazlo tu mismo".

Y de pronto, veo el camino. No existe, hay que hacerlo. Recuerdo a Machado y el buho sonríe. Ahora sólo ha de hallar hacia dónde dar el primer paso para llegar hasta mí y así encontrar mi verdadero yo.

David Tomé
© 26 de Agosto de 1993

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